Hola y bienvenidos de nuevo a mi blog ‘Huele a Química’. Porque la Química, efectivamente, huele, y todo lo que huele es, efectivamente, Química.


Mañana, Sábado 11 de Febrero, es el día ‘Día Internacional de la Mujer y la niña en la Ciencia‘. Esto es así desde el año 2015, cuando la Asamblea  General de las Naciones Unidas decidió proclamarlo. El objetivo de realizar esta celebración no es otro que el de concienciar a la sociedad de la falta de igualdad que existe en el ámbito laboral en general, y en el campo científico en particular, entre hombres y mujeres, y dotar a la figura de la mujer científica de más visibilidad y reconocimiento.

Para ello, existe aquí en España la iniciativa 11 de Febrero (@11defebreroES) que se encarga de dar voz y visibilidad a este día en nuestro país. En su página web www.11defebrero.org podréis encontrar información sobre las diferentes actividades que se llevan a cabo durante la semana previa y posterior a ese día, los objetivos, reclamos e información que proporcionan. Con esta iniciativa pretenden “visibilizar el trabajo de las científicas, crear roles femeninos en los ámbitos de la ciencia y la ingeniería y promover prácticas que favorezcan la igualdad de género en la ciencia“. 

En mi opinión, es una verdadera lástima que hoy en día se deba reconocer específicamente la labor científica de la mujer, cuando no debería ni existir debate ni duda sobre ello. Científicos y científicas vamos de la mano en pro de la ciencia, por igual.

Sin embargo, sí que aplaudo esta iniciativa para recordar a mujeres que dedicaron su vida a la ciencia bajo una condiciones de opresión y desigualdad mucho más notorias que las que pueda haber hoy en día, y que a pesar de ello desarrollaron una ciencia de verdadera calidad. 

Día Internacional de la mujer y la niña en la ciencia

De esta forma, quiero participar desde ‘Huele a Química‘ en este día y contaros la vida y logros de una científica, una química para ser precisos, que queriendo ser médico, se convirtió en inventora, y nos dejó tras su fallecimiento uno de los materiales más utilizados hoy en día, el Kevlar®.

Stephanie Kwolek (1932-2014)

Stephanie Kwolek nació en New Kensington (Pensilvania) el 31 de Julio de 1923. Hija de inmigrantes polacos, se interesó desde pequeña por la naturaleza y sus misterios. Esto le llevó a iniciarse en la carrera científica en el Instituto Tecnológico de Carnegie, graduándose en química en 1946. 

Inmediatamente después, y con la idea de ahorrar dinero para pagarse los estudios de medicina, se presentó a varias ofertas de trabajo en empresas del sector químico, para finalmente acabar recalando en DuPont, una empresa dedicada a la fabricación de materiales y textiles.

El trabajo le resultó tan apasionante que poco a poco se fue olvidando de su interés por la medicina, y permaneció en la empresa, donde le asignaron un laboratorio en el que investigaba en nuevos materiales que aunaran resistencia y ligereza. Como muchos de los grandes descubrimientos en ciencia, el que encumbraría a Stephanie Kwolek llegó de forma inesperada. La creación de esos tipos de materiales conllevaba disolver dos moléculas en un disolvente, las cuales se unían la una a la otra por los dos extremos y creaban moléculas más largas, que a escala macroscópica resultaba en el material. Ese día, con una determinada mezcla, se percató de que la disolución no tenía el mismo aspecto que solían tener las otras mezclas, las cuales solían ser translúcidas y claras, sino que era una disolución opaca, viscosa y turbia. 

Aquí entra el juego el factor diferencial que define a un buen científico de uno brillante. La serendipia (suerte o azar) es innegable que existe, y como el método científico se basa en el ensayo-error, es posible y probable que alguno de esos ‘errores’ pueda ser en realidad un descubrimiento inesperado. Pero es el percatarse de que el ‘error’ puede ser en realidad un descubrimiento lo que marca la diferencia. 

Quizás otro hubiera desechado esa disolución por no parecerse a las demás, pero en ciencia cada experimento es único y diferente, y todo debe ser analizado. Stephanie Kwolek no tiró a la basura esa disolución turbia y espesa, sino que le realizó las pertinentes pruebas rutinarias que aplicaban al resto de materiales para probar sus características físicas -en contra de la opinión de sus compañeros-, y resultó ser un material más ligero y más resistente que el mismísimo acero. Inmediatamente se montó un equipo de científicos e ingenieros dedicados a sacarle el máximo partido económico a aquel descubrimiento revolucionario. El proceso llevó 10 años, pero en 1975, el material se comercializó con el nombre de Kevlar®. 

Químicamente el Kevlar® es un polímero (molécula formada por la unión de moléculas más pequeñas) del tipo aramida (aromatic polyamide), formado por p-fenilendiamina y cloruro de tereftaloílo

Kevlar Synthesis
Síntesis del polímero que forma el Kevlar® a partir de sus monómeros.

Al extenderse en el espacio de forma lineal, varias de estas cadenas se juntan formando hilos poliméricos, los cuales confieren al Kevlar® las propiedades de dureza, resistencia y ligereza que lo sigue haciendo único hoy en día.

Las aplicaciones que lleva teniendo el Kevlar® desde su salida al mercado son múltiples. Quizás la más llamativa sea que conforma los chalecos antibalas, pero también se encuentra en ropa militar, ropa ignífuga, paracaídas, cuerdas, neumáticos, hilos, velas de windsurf, cascos de F1, alas de aviones…

Kevlar applications
Algunas aplicaciones del Kevlar®

Por ese descubrimiento, Kwolek recibió la ‘Medalla Lavoisier por logros técnicos excepcionales‘ otorgada por su empresa, DuPont, en 1995, a modo también de reconocimiento por su trayectoria. Además, fue incluida en el Salón de la Fama Nacional de Mujeres (Naional Women’s Hall of Fame) de EEUU en 2003. 

Stephanie Kwolek siguió trabajando en DuPont hasta su retiro en 1986. Después, se dedicó entre otras cosas a inculcar la ciencia a los jóvenes, especialmente a las niñas, a través de charlas o material didáctico para colegios. Finalmente, falleció el 18 de Junio de 2014, con 91 años.

La figura de Stephanie Kwolek es la de una mujer que nació y creció en un mundo machista y en guerra, y que sin embargo su mente curiosa la llevó a no resignarse a ser una más, sino a llevar a cabo aquello que quiso, ser científica. Aunque su idea primera fuera ser médico con el objetivo de salvar vidas, nadie le puede negar la cantidad de vidas que habrá salvado gracias a no dejarse llevar por la rutina y tener la mente siempre abierta a nuevas posibilidades, analizando esa disolución viscosa y opaca que la llevó al éxito científico. Stephanie Kwolek no es sólo una figura ejemplar para las niñas y mujeres que quieran ser científicas, si no para cualquier persona que quiera serlo.


Espero que os guste la historia de esta mujer, química e inventora que revolucionó con su curiosidad y rigor científico el mundo de los materiales.

Gracias como siempre por leer, no dudéis en dejar comentarios, sugerencias u opiniones.

“Esta entrada participa en la LXII edición del Carnaval de Química, alojada en el blog Huele a Química‘ de @hueleaquimica

LXII Carnaval de Química de 'Huele a Química'

Pedro Juan Llabrés Campaner

http://www.un.org/es/comun/docs/?symbol=A/70/474/Add.2

http://web.archive.org/web/20141102132316/http://invention.smithsonian.org/centerpieces/ilives/lecture05.html

http://www.delawareonline.com/story/money/industries/2014/06/19/kevlar-inventor-stephanie-kwolek-dies/10899995/

https://edukavital.blogspot.com.es/2015/10/biografia-de-stephanie-kwolek.html

La imagen de portada es un montaje propio a partir de la foto de Chemical Heritage Foundation, CC BY-SA 3.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=28982468

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