Hola y bienvenidos de nuevo a mi blog “Huele a Química”. Porque la Química, efectivamente, huele, y todo lo que huele es, efectivamente, Química.


El Lunes, mientras iba en el tren por la mañana camino de la universidad, leí en el blog “Moléculas a Reacción”, del Instituto de Síntesis Química y Catálisis Homogénea de la Universidad de Zaragoza/CSIC, un artículo del Dr. José Ignacio García Laureiro que trata sobre la creencia popular de que una cara del papel de aluminio puede ser perjudicial para la salud si ingerimos alimentos que hayan estado en contacto con ella cuando los envolvemos, es decir, que una cara es la “mala” y otra es la “buena”. A mí, personalmente, me llamó mucho la atención, ya que desconocía por completo esta leyenda urbana y por supuesto jamás me he fijado con qué cara del papel envuelvo mis sándwiches cada mañana.

Así que, ese mismo día durante la vuelta a casa en el tren, decidí investigar un poco sobre el tema, y me topé con un reciente artículo de otro gran divulgador científico, el Dr. José Manuel López Nicolás, autor del premiado blog de divulgación científica Scientia, en el que habla sobre los peligros de los desodorantes con aluminio. Me di cuenta de que, al parecer, hay una especie de fobia al aluminio por parte de algunas asociaciones, sindicatos y marcas comerciales, las cuales se dedican a alarmar a la sociedad sobre los peligros de este metal.

Pues bien, aunque os recomiendo encarecidamente que leáis esos artículos, os voy a hacer un resumen con las conclusiones más relevantes para aclarar el tema:

Por una parte, yendo al asunto que me pareció más extraño, he de comenzar diciendo que ambas caras del papel de aluminio son iguales en cuanto a composición, y además que ninguna de ellas representa un peligro para la salud. La diferencia física entre ellas (unas es mate y la otra brillante) es producto de su manufacturación en la fábrica correspondiente. Me hizo mucha gracia una reflexión sarcástica del Dr. García Laureiro en su artículo: Resulta que cuando utilizas papel de aluminio distraídamente para envolver o cocinar tus alimentos, tienes un 50% de probabilidades de morir. ¡El susto se ha convertido en certeza de muerte! Y es que es absurdo pensar que un producto tan cotidiano en nuestras casas no va a estar exento de todo peligro, además en algo tan banal como usar una cara u otra. De ser peligroso ya se habrían encargado las autoridades, como mínimo, de indicarlo claramente en los envases, ¿no creéis?

Y yendo a un motivo algo más químico, decir que el aluminio en contacto con el aire genera óxido de aluminio, por lo que en nuestro papel de aluminio existe una capa muy fina de este óxido (inocuo) que aísla aún más al “aluminio metal” del alimento. Sin embargo, en el caso de que algunas microscópicas partículas de aluminio pudieran desprenderse del papel hacia nuestros alimentos, no llegan ni de lejos a la dosis tóxica de este metal en nuestro cuerpo, la cual es de varios gramos para una persona adulta, y que además debe ser ingerido en forma de sal, no como partículas sólidas. Fijaos, por ejemplo, que la dosis letal del agua es de unos 6 litros consumidos de golpe. ¡Todo es tóxico y nada lo es!

El otro tema que me llamó la atención a raíz de éste fue el de los desodorantes y antitranspirantes. Se dice que los desodorantes que contienen aluminio nos están introduciendo en el cuerpo nanopartículas que a larga nos afectan perjudicialmente, asociándolo incluso a la enfermedad de Alzheimer (y que ya está demostrado que no es cierto). Lo cierto es que si echáis un ojo por Internet podréis leer que el aluminio se encuentra presente en los antitranspirantes (que no son lo mismo que los desodorantes), y que su mecanismo de acción consiste en tapar o bloquear el poro mediante la formación de un precipitado con las proteínas de la piel, de forma que evitan que el sudor salga. Por tanto, el aluminio no entra dentro del cuerpo, se une a las proteínas cutáneas y bloquea las glándulas sudoríparas, desapareciendo unas horas más tarde cuando la piel se elimina. Aún así, lo mismo de antes, si alguna partículas entrara no llegaría a producirnos ningún efecto perjudicial.

Las conclusiones de estos dos artículos son claras: por una parte, el papel de aluminio no tiene una cara tóxica, y por otra, los desodorantes y antitranspirantes no nos están contaminando el cuerpo de partículas de aluminio, ni contribuyen a la grave enfermedad del Alzheimer. Pero sobretodo, me gustaría que os quedarais con la otra reflexión que he hecho: aunque comiéramos y nos introdujéramos partículas de aluminio en estos dos productos, jamás llegaríamos a alcanzar la dosis a la cual es tóxico, ni tan siquiera nos acercaríamos. Y si pensáis algo así como “pero a la larga se nota”, tampoco, porque se ha estudiado que el organismo tiene capacidad de expulsar las nanopartículas de aluminio a un ritmo elevado siempre que la concentración sea muy baja, como sería el caso.


Espero que este post os guste y os ayude en vuestro día a día, me pareció un tema relevante y que nos afecta a todos diariamente, y me apeteció mucho compartirlo con vosotros.

Aquí os dejo un vídeo muy corto asociado al blog del Dr. García Laureiro donde él mismo explica por qué el papel de aluminio es totalmente seguro. Además aparecen unos ciudadanos que antes creían en esta leyenda urbana, y es satisfactorio ver como cuando se les aclara el concepto, se queda más tranquilos y contentos. También os dejo este otro vídeo a modo de curiosidad, sobre como se hace el papel de aluminio, ¡por si además de leerlo queréis verlo!

Recordad, huid de charlatanes e inventores de falsos mitos, aunque siempre estaremos ahí los científicos para aclararlos 😉

No dudéis en preguntar, opinar o comentar. Muchas gracias y ¡hasta pronto!

Pedro J. Llabrés Campaner

https://www.atsdr.cdc.gov/phs/phs.asp?id=1076&tid=34

http://www.vix.com/es/btg/curiosidades/8083/como-funcionan-los-desodorantes-y-antitranspirantes

Lethal Doses of Water, Caffeine and Alcohol

Toxicology Letter, 1989, 45, 165-174.

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